No sé qué siento más, si extrañeza o pena. Ni un mísero comentario en la bitácora.
Analizando las posibles causas, algunos me dicen que puede deberse al miedo escénico, a la poca costumbre de escribir. No quiero imaginar que el mutismo se deba a que pasemos de lo que ocurre a nuestro alrededor.
Pero como tengo más moral que el Alcoyano, y como bien decía Felipito Takatún,
Ayer, en la plaza del Pilón de Cardeña, se organizó el Belén. Algún fallo en el sonido no logró empañar una representación que a mí, que la iconografía navideña me repatea, pues me pone buen cuerpo. Mención especial merecen una sobria iluminación de antorchas, el coro celestial de los más pequeños pero ya grandes artistas y (lo siento, tengo que decirlo) la actuación de una lavandera que además de ser mi hija es la luz de donde el sol la toma.
Gracias a todos los que aportáis vuestro tiempo y vuestro trabajo por hacerme sentir bien.


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